OTELO: ACTO QUINTO DESDÉMONA.- ¿Quién está ahí? ¿Otelo? OTELO.- Sí, Desdémona. DESDÉMONA.- ¿Queréis venir al lecho, mi señor? OTELO.- ¿Habéis rezado esta noche Desdémona? DESDÉMONA.- Sí, mi señor. . . . OTELO.- ¡Piensa en tus pecados! DESDÉMONA.- Son amores que os llevo. OTELO.- Sí, y por eso vas a morir. DESDÉMONA.- Da una muerte contranatural el que mata porque se le ama. ¡Ay! ¿Por qué os mordéis así vuestro labio inferior? Alguna pasión sanguinaria agita todo vuestro ser. Ésos son los presagios. Mas, sin embargo, espero, espero que no es a mí a quien amenazan. OTELO.- ¡Silencio, y estate quieta! DESDÉMONA.- Así lo haré. Pero ¿qué ocurre? OTELO.- ¡Aquel pañuelo que tenía yo en tanta estima y que te regalé, lo diste a Cassio! DESDÉMONA.- ¡No, por mi vida y por mi alma! Enviad a buscar a ese hombre y preguntadle. OTELO.- ¡Dulce alma, ten cuidado, ten cuidado con el perjurio! ¡Estás en tu lecho mortuorio! DESDÉMONA.- Sí, pero no para morir aún. OTELO.- Sí, en seguida; por tanto, confiesa francamente tu crimen, pues negarlo artículo por artículo con juramento no podría disipar ni destruir la firme convicción bajo cuyo peso gimo. ¡Vas a morir! DESDÉMONA.- ¡Entonces que el Señor tenga piedad de mí! OTELO.- ¡Amén, te digo! DESDÉMONA.- ¡Y tened piedad también vos! No os he ofendido jamás en mi vida; nunca he amado a Cassio, sino con esa estimación corriente que autoriza el cielo. Nunca le di presente alguno. OTELO.- ¡Por el cielo, he visto mi pañuelo en sus manos! ¡Oh, mujer perjura! ¡Cambias mi corazón en piedra, y vas a hacerme cometer un asesinato, cuando me proponía un sacrificio! ¡Yo vi el pañuelo! DESDÉMONA.- Lo habrá hallado entonces. Yo nunca se lo di. Haced que venga y que confiese la verdad. OTELO.- La ha confesado. DESDÉMONA.- ¿Qué ha confesado, mi señor? OTELO.- Que se ha... servido de ti. DESDÉMONA.- ¿Cómo? ¿Ilícitamente? OTELO.- Sí. DESDÉMONA.- ¡No lo dirá! OTELO.- ¡No, su boca está cerrada! ¡Corrió de cuenta del honrado Iago! DESDÉMONA.- ¡Oh! ¡Mi temor adivina!... ¡Cómo! ¿Ha muerto? OTELO.- ¡Aunque hubiera tenido tantas existencias como cabellos, mi apetito de venganza las habría devorado todas! DESDÉMONA.- ¡Ay! ¡Le han traicionado y estoy perdida! OTELO.- ¡Fuera, puta! ¿Le lloras en mi cara? DESDÉMONA.- ¡Oh, desterradme, mi señor, pero no me matéis! OTELO.- ¡Abajo, ramera! DESDÉMONA.- ¡Matadme mañana! ¡Dejadme vivir esta noche! OTELO.- ¡No, si resistís!... DESDÉMONA.- ¡Media hora tan sólo! OTELO.- Si se hace, no habrá vacilaciones. DESDÉMONA.- ¡Sólo el tiempo de recitar una plegaria! OTELO.- ¡Es demasiado tarde! (La ahoga.)
Otelo, de William Shakespeare. Acto Quinto. Traducción del Inglés al español por: Luis Astrana Marín. |