
En este relieve aparece el Rey Jehú hincado ante el Rey Asirio Salmanasar III rindiendo tributo. Año 841 antes de Cristo. LIBRO II DE REYES CAPÍTULO IX DE LA BIBLIA El profeta Eliseo llamó a uno de los hermanos profetas y le dijo: «Arréglate para ir a la ciudad de Ramot, en Galaad, y lleva contigo este frasco de aceite. [2] Allí buscarás a Jehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsí; lo harás salir del grupo de sus compañeros y lo llevarás a una pieza aparte. [3] Allí tomarás el frasco y derramarás el aceite en su cabeza, diciendo: «Yavé te ha ungido rey de Israel.» [4] Luego, abre la puerta de la pieza y huye sin detenerte.» Este joven, pues, se fue a Ramot. [5] Cuando llegó, los jefes del ejército estaban sentados juntos, y dijo: «Tengo que hablarte, jefe.» Jehú preguntó: «¿A quién de nosotros?» Respondió: «A ti, jefe.» [6] Jehú se levantó y entró en la casa. Entonces el joven le echó el aceite en la cabeza y le dijo: «Yavé, Dios de Israel, te ha consagrado rey del pueblo de Yavé. [7] Derribarás a los reyes de la familia de Ajab, y yo vengaré la sangre de mis siervos, los profetas, que Jezabel ha muerto. [8] Acabaré con la familia de Ajab y perecerán todos sus varones, [9] teniendo la misma suerte que los hijos de Jeroboam y de Basá. [10] En cuanto a Jezabel, nadie la sepultará y los perros la devorarán en el campo de Jezrael.» |  |

Elías el profeta unge a Eliseo como su profeta sucesor y a Jehú como décimo Rey de Israel. 
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